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viernes, 13 de abril de 2012
martes, 31 de mayo de 2011
Chamakh descarta dejar el Arsenal por el Olympique Marsella
Marouane Chamakh, delantero del Arsenal, ha dejado claro que no hay nada de cierto en los rumores que le sitúan en el Olympique de Marsella.
La prensa francesa aseguraba ayer que Didier Deschamps, entrenador del Olympique de Marsella, se había puesto en contacto con el jugador para ofrecerle jugar de nuevo en la Ligue 1, pero el delantero marroquí lo ha desmentido.
"Esos rumores son totalmente falsos. Si fuese a dejar el Arsenal para volver a Francia solamente lo haría para regresar al Burdeos", declara en la radio 'RMC'.
El delantero de 27 años fichó por el Arsenal el pasado verano y pese al buen comienzo de temporada, poco a poco fue perdiendo minutos y finalmente está siendo relacionado con otros clubes.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Larbi Ben Barek : Un León de oro
Larbi Ben Barek," la Perla negra" Un futbolista que no tenía su igual. Larbi Ben Mbarek fue el primero en el mundo, bien antes del rey Pelé, a haber llevado el apodo de " Perla negra ". Su nombre es conocido actualmente tan solo por los historiadores del fútbol internacional y seguidores de los equipos en los que maravilló. Nació en la antigua casablanca, se cree que el 16/06/1914 (la fecha sigue siendo un misterio a día de hoy). Fue uno de los primeros jugadores que simbolizan un fútbol tricolor que echaba raíces bien más allá del Hexágono. La pluralidad de los orígenes ya era fuente de riqueza en el once Galo. Su defecto: nació un poco pronto. Momento en el que la televisión todavía estaba en sus principios balbuceantes, pues incapaz de immortalizar sus hazañas. Miguel Drucker, (Famoso presentador Francés) gran partidario de Larbi Ben Mbarek, que le había recibido en el momento de su emisión célebre " Campos Elíseo " en febrero de 1989, había explicado que " Si la tele había existido en su tiempo, habría sido de una estrella mundial ".
Joven huérfano, habitaba en el barrio Cuba (cerca de Sour Jdid) y desde sus principios en los campos de " Lemreziga ", donde se sitúa actualmente la gran Mezquita Hassan II, el niño Larbi daba muestras de esas características "brasileñas", ese don de los artistas de la pelota, aquel con los que los niños pobres olvidaban la miseria divirtiéndose, buscando la belleza, felicidad y placer en el juego. A la edad de 14 años, ejerció como su padre, originario de Tata, el oficio de carpintero. A aquella edad, comenzó a jugar con FCO (Fútbol Club El Ouatane), pequeño equipo de barrio. En 1934, integró al equipo de Casablanca del Ideal F.C modesto equipo de D2 marroquí de la época.
En su primer partido, Larbi se enfrenta con la temible formación del USM, triplica vencedora del campeonato de África del Norte. Anota dos veces en el curso de este partido y con su valiosa ayuda, su club se adjudica el 3º sitio puesto del campeonato. Acostumbrado a jugar descalzo, sufrirá mucho tiempo con los zapatos con tacos que tenía que utilizar obligatoriamente en los partidos oficiales. En la copa de Marruecos, pudo alcanzar con su club la final (1935), pero se inclina frente al RC marroquí. Su primera selección con Marruecos fue durante un partido contra la Liga argelina de Oran. Un año pues bastó al joven Larbi para hacerse ilustre hasta el punto de interesar al USM, el club creado en 1913.
Además de su gran estatura, elegancia y estilo que le favorecían, Sus armas eran de que se trataba de un delantero,de un pasador y un creador de juego a la vez. Maestro con sus dos pies o con su cabeza. En plena ascensión , deja, en 1935, el Ideal F.C. para el USM, ese gran club le proporcionó además un trabajo como encargado de una gasolerina. En Realidad no empienza a jugar bajo sus nuevos colores, azul y rojo, hasta el septiembre de 1936. Desde su primer año en el USM, un talento tan extraordinario no podía dejar indiferente al seleccionador nacional, fue seleccionado así en el equipo de Marruecos, que jugó en abril de 1937 en Casablanca contra un once "B" de Francia, el partido se acabó por una victoria (4 - 2) francesa. A pesar de la derrota, el mejor de los veintidos asombró a los periodistas franceses que adivinaron entonces una estrella de la pelota. Comenzó así a suscitar las codicias de los grandes clubs franceses.
Al principio del verano de 1937, el USM rechazaba una oferta de Olímpico de Marsella para reclutar al joven marroquí. El Olympique le ofrece a Larbi 20.000 francos y una mensualidad de 2.000 pero el jugador africano pide 30.000 y 3.000 de mensualidad. El conjunto galo no accede a las peticiones de Barek y el futbolista sigue jugando en el US Marocain, conjunto con el que conquista el Campeonato de Liga y se clasifica para jugar la Copa de África.
La prensa metropolitana, admirando sus driblings inéditos, su pisada elegante que perforaba las defensas opuestas y sus pasos que eran medio goles, comienza a dedicarle varios artículos elogiosos.
Ante de la insistencia de los responsables marselleses, el USM, que no quería perder a su jugador, finalmente acepta la oferta de 44.000 francos,por entonces una suma considerable .
Es por el mar, el 28/06/1938, que desembarcó a la Bonita Marsella Larbi Ben Mbarek. Desde los primeros minutos de su primer partido, ilumina a un público marsellés. Nacía una Estrella. Un pase decisivo al goleador Kohut y dos tantos suyos sellan un implacable 5-2 dle Olímpico de Marsella frente al gran Racing de París. Algunos días antes, en la pre-temporada, había endosado ocho goles a los ingleses de Southend. Se impuso así muy rápidamente en el club del Puerto por un sentido del gol innato. Caracterizado por su notable juego de cabeza y un golpeo de pelota extraordinario. Ídolo verdadero del Marsella después de algunos partidos, conoce su primera selección bajo la camiseta de francesa el 4 de diciembre de 1938 ante Italia y todo parece prometerle un futuro exitoso. Por desgracia, después de un año espléndido en el OM, la Segunda Guerra mundial va a frenar su carrera.
Entre 1939 y 1945, regresa en el USM con que consigue 5 campeonatos de África del Norte. En un encuentro disputado en 1941, la selección marroquí arrancó el empate ante Francia. Ben Mbarek marcará el gol de la igualadad. Pasados los seis años de guerra, el Stade Français lo contrataba por 1 millón de francos, después de un partido amistoso en Marruecos dónde Larbi había estado hábil como el mismo Demonio, según las criticas de los periodístas admirativos. Gracias a su magia, su elegancia y su eficacia,volvía al equipo de Francia donde sería titular hasta 1954. Max Urbini, cronista deportivo, había escrito: " Larbi era el poeta del fútbol. Era más elegante y más estético que Pelé ".
En el Stade Français, donde fue reconocido internacionalmente, coincidió con Marcel Domingo, jugador Atlético. Fue precisamente en las filas del conjunto francés donde se dio a conocer a la afición española y especialmente a los técnicos del conjunto colchonero. Ya que su equipo visitó el Metropolitano y dió una auténtica lección de fútbol; control, toque, desmarque, definición y los dirigentes atléticos tras una dura lucha de dos años por hacerse con sus servicios, consiguieron su fichaje en la primavera de 1948 cuando el jugador contaba ya con la edad de 31 años. Su venta provocó una gran desesperación en los hinchas parisinos y numerosas reacciones en Francia. Un periodista parisino había escrito: " vendan el Arco triunfal o la Torre Eiffel, pero no vendan a Ben Mbarek ".
Curiosamente su llegada al conjunto colchonero estuvo rodeada por la polémica, ya que Barek no daba señales de vida. Pero tenía razones de peso para ello, ya que la desgracia se había cebado con él, al fallecer su esposa y haberse quedado al cuidado de sus hijos.
Su debut con el Atlético se produjo en Sarriá contra el Español. El marroquí demostró su clase, pero el Atlético perdió por 4 a 1. El equipo que presentó aquel día el Atlético fue el formado por: Domingo; Riera, Tinte, Múgica, Cuenca, Arnau; Juncosa, Vidal, Silva, Ben Barek y Escudero. Pese a ello Barek demostró que se encontraba muy por encima del resto de sus compañeros.
Ben Barek se convirtió en el ídolo de la afición y el aspecto que presentaba el estadio rojiblanco era siempre impresionate, lleno de aficionados ansiosos por ver las evoluciones del maravilloso jugador africano. Se recuerda especialmente un partido amistoso ante el Racing de Santander en el que el Atlético le endosó 9 goles al conjunto cántabro y en el que Barek volvió locos a sus rivales y a los aficionados.
En su primera temporada (48/49), consiguió que numerosos estadios se llenasen para ver en directo a la perla africana del Atlético y el conjunto colchonero estuvo luchando por la liga hasta final de temporada.
En la siguiente temporada (49-50), Helenio Herrera se hizó con el puesto de entrenador y entre los fichajes destacaba el sueco Carlsson, Ben Barek se acopló de maravilla con el hábil estremo rubio y junto a él, formó la que es considerada por muchos la mejor pareja de extranjeros en la historia del club. Formaron la legendaria "Delantera de Cristal" integrada por: Ben Barek, Carlsson, Juncosa, Escudero y Pérez Payá.
De la mano del mítico H.H. el Atlético desarrolló un juego de muchos quilates, ganado tanto aquella liga como la siguiente y con Barek como máxima figura.
Permaneció en el Atlético hasta 1954, año en el que tras mantener una serie de conflictos con la directiva, decide marcharse a la edad de 37 años.
Este Mitico jugador, decidió retirarse definitivamente del mundo del fútbol profesional en 1955, en las filas del Marsella, equipo al que había retornado (salvandolo de bajar 2ª y logrando llegar a la final de la Copa de Francia) tras su salida del Atlético en 1954. Aunque también jugó en las filas del Sidi Bel Abbes argelino y el Stade Marocain asi como el Fath Union Sport de Rabat antes de coinvertirse en el primer entrenador de la selección marroquí de fútbol después de la independencia en 1958.
El 16/09/1992, " la Perla negra " dejó este mundo en la soledad más execrable. La ingratitud ajena y la marginalidad, fueron dos sombras que conoció y sifrio hasta el día de su muerte. Su cuerpo fue descubierto una semana después su muerte. No conoció el fútbol-negocios donde su imagen hubiese sido comercializada, sino que vivio ese futbol que era para los hinchas del bello espectaculo, donde el esfuerzo y el sacrificio acompañaba la belleza de genios coo Ben Barek, quedará para siempre en el recuerdo de este deporte una estrella de otra galaxia. El 8 de junio de 1998 en París, el FIFA le concedió, póstumamente, la medalla del orden del Mérito. Por Desgracia hoy, ya son pocos los que recuerdan a este mago y menos aún los que narran sus maravillosas jugadas y goles. Gracias y Descansa en Paz Maestro.
Videos y Curiosidades
Aqui le vemos, en Marruecos, entrevistado por la TV Francesa, tenía 46 años.
http://www.youtube.com/watch?v=TOJwZUJCJ7s
Imagenes y acciones de Bn Barek:
http://www.youtube.com/watch?v=JUEgSJLTm0I&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=3JhP-v3-FWU&feature=related
Un Estadio con su nombre:
http://www.youtube.com/watch?v=I9K210vkTXs&feature=related
http://fr.wikipedia.org/wiki/Majd_Al_Madina
Ben Barek y Pelé:
El Astro Brasileño era un admirador de Nuestro Antiguo Jugador ,Pelé llegó a decir: "Si yo soy el rey del fútbol, Ben Barek es Dios" Aqui le vemos entregandole una Camiseta con el nº10.
Larbi Ben Barek : La perla negra
Abd al-Qadir Larbi Ben Mbarek, más conocido como Larbi Ben Barek (n. 16 de junio de 1917, Casablanca, Marruecos - m. 16 de septiembre de 1992) fue un futbolista marroquí que jugó de delantero.
Ben Barek era un finísimo estilista, un mago del balón que deslumbró a toda Europa antes de la Segunda Guerra Mundial jugando en el Olympique de Marsella, que fue el más rápido en ficharlo tras asombrar en el balompié magrebí. El drama bélico a punto estuvo de acabar con la fulgurante carrera de Larbi, pero este moro bueno aguantó el tipo regresando al fútbol marroquí, al US Marocaine, equipo de su Casablanca natal en el que se dio a conocer.
Tras la guerra, Ben Barek regresa a Francia, fichado por una cifra astronómica para la época por el Stade-Français parisino en el que permaneció tres temporadas. En abril y mayo de 1948, el Atleti concierta dos partidos amistosos ante el equipo francés, en París ganan los franceses por dos a uno con polémica y Ben Barek mete un chicharrazo. En la vuelta, en el Metropolitano, el 6 de mayo, con un Ben Barek deslumbrante, el Stade-Français gana por dos goles a cuatro.
Aseguran los testigos presenciales que el presidente, el eminente prohombre don Cesáreo Galíndez, exclamó al terminar el partido: “a ese negro hay que ficharlo como sea”. Dicho y hecho, al día siguiente, firmaban su contrato con el Atlético de Madrid el propio Ben Barek y el ágil guardameta del Stade-Français, Marcel Domingo, que también inscribiría su nombre en la Historia Atlética como entrenador, aunque, sobre todo se le recuerda como un gran portero, de hecho, fue el segundo cancerbero rojiblanco en la historia en conseguir el Trofeo Zamora al portero menos goleado, en 1949; el primero arquero atlético en lograr el Zamora fue Fernando Tabales, portero del Atlético Aviación, en 1940; después de Marcel Domingo sólo conseguirían ser el portero menos goleado del campeonato regular Miguel Reina, en el 77, Abel Resino, en el 91, y José Francsico Molina, en 1996.
Dicen las crónicas que en Francia sentó tan mal la venta de Ben Barek que un periodista deportivo, indignado, se puso hiperbólico: “Vendan la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo, pero a Ben Barek jamás”, no obstante, Ben Barek acabó en el Atleti, previo pago de unos desorbitados 17 millones de francos de 1948, precisamente el año en el que la Federación Española de Fútbol introdujo dos innovaciones revolucionarias en las normas del campeonato: una, que los postes y el larguero de las porterías pasaran de rectangulares a ovalados y, dos, que todos los equipos de la Liga tenían la obligación de numerar a sus jugadores del 2 al 11, estampando el guarismo en las camisolas.
Sin embargo, la Perla Negra no debutó como jugador colchonero hasta la segunda jornada del campeonato –derrota por cuatro a uno en casa del Español- porque alargó las vacaciones con su familia en Marruecos. En el club estaban que trinaban tras tres semanas sin saber nada de su rutilante fichaje estrella, pero el Negro se limitó a enviar un telegrama: “Llego mañana a las diez de la noche procedente de Casablanca. Saludos. Ben Barek”. Debutó ante su público el 26 de septiembre jugando como un titán y marcando un golazo en la paliza, 6 a 0, al Oviedo en el Metropolitano. La familia atlética quedó boquiabierta. Porque el Negro era lo máximo que se ha visto sobre un terreno de juego, y la unanimidad entre los atléticos que le vieron jugar en directo es absoluta, empezando por mi abuelo Manolo, a quién Dios tenga en su gloria.
Era Ben Barek, si hemos de creer a nuestros mayores y a las crónicas de la época, un jugador de otro mundo: alto y elegante, buen cabeceador, driblaba y chutaba con ambas piernas, tenía una gran visión de juego, una técnica depuradísima y el carisma futbolístico de un artista del balompié. Un goleador que también era un pasador y un constructor del juego. Un fenómeno, vamos. También era raro, veleidoso, caprichosín y se arrugaba en las malas. “Yo he venido aquí a jugar al fútbol, no a ir a la guerra” era su frase, porque Ben Barek no admitía los terrenos en malas condiciones, la meteorología adversa ni, especialmente, la violencia desmedida de unos rivales casi siempre desbordados por su fútbol.
Eran otros tiempos, otros campos y otras normas: no había cambios, ni tampoco existía el fuera de juego, así que el jugador lesionado se ponía de palomero y, a veces, metía lo que se llamaba técnicamente “el gol del cojo” –que no “gol del discapacitado” , eran otros tiempos- por estar allí quieto, de palomero, esperando en el segundo palo con la caña preparada. No se puede comparar, no obstante, con este fútbol global actual, con su baloncito Adidas con todas las innovaciones tecnológicas habidas y por haber.
De aquella, por ejemplo, si llovía, el balón, de cuero recio cosido a mano, se convertía en una especie de piedra esférica con unos costurones que hacían brechas y provocaban arrancamientos del cuero cabelludo a sus incautos rematadores de cabeza. Ben Barek, obviamente, no saltaba a esas y se revolvía cuando le cosían a patadas, razón por la que fue expulsado y sancionado varias veces. Escudero lo ha dicho: “por unas cosas o por otras el Negro estaba siempre renqueante, bueno los únicos que no nos lesionábamos nunca éramos Carlsson y yo, porque Juncosa a veces se quedaba al gol del cojo”. Qué feo suena, ¿eh? Hablando de discapacitados y de escaqueos, es célebre la anécdota de Ben Barek con el loco Helenio Herrera, harto de que el figura se borrara de algunos partidos aduciendo molestias físicas, le dijo “Usted, Ben Barek, exagere la cojera y haga muchos gestos de dolor para que el contrario se confíe; ahora bien, a cambio de esta especialísima bula que le concedo de renquear le exijo dos hombradas futbolísticas en el partido. Sólo dos, ¿eh?, pero cuídese de que al menos una acabe en gol”.
Lo fue, por supuesto, porque si de jugar al fútbol y meter golazos se trataba, el jugón, el monstruo, el crack era Ben Barek. De este moro colchonero se reían sus compañeros, por el, entonces insólito exotismo del rezo mirando a La Meca, que a veces acometía en el sacrosanto vestuario, “¿Y cómo sabes dónde está La Meca, Negro?”; pero, también lo aseguran sus compañeros, si se daban las condiciones óptimas para la práctica del fútbol el que jugaba y hacía jugar era el Negro, el que daba los goles, el que mandaba y el que, de paso, se marcaba regularmente su chicharrito, ese era el Negro. Tuvo la suerte, desde luego, de coincidir con una vanguardia de campanillas, bautizada como “la Delantera de Cristal”, heredera directa de la Delantera de Seda, con la inclusión de Carlsson, Ben Barek y el alicantino José Luis Pérez-Payá, junto a Juncosa y Escudero, lo de Delantera de Cristal venía, como se habrán imaginado, porque “el Negro se rompía siempre”. Hay que tener en cuenta en su descargo, que el pobre Negro tenía, probablemente, 34 años cuando llegó al Atleti. Aún así disputó seis temporadas ligueras, jugando 114 partidos, además de otros 8 de Copa, y metió más de 60 goles. Eran otros tiempos, ya digo, los de aquel equipo entrenado por el Mago Helenio Herrera, impensables en el fútbol actual tan rígida e inevitablemente encorsetado en lo táctico.
Desde finales de los cuarenta se jugaba en España con el dibujo táctico WM, una invención del entrenador del Arsenal, señor Herbert Chapman, que impondría como obligatorio la Federación española, y que venía ser cinco atacan y cinco defienden, con marca al hombre y el equipo formando con tres defensas, dos pivotes posicionales, dos volantes interiores y tres delanteros. La prensa de la época lo tachó de defensivo, pero pronto se hizo palpable justo lo contrario. Por ejemplo, en la Liga 50-51, la segunda de las dos consecutivas que ganamos con el talento del Negro como estandarte, el Atleti campeón metió la deslumbrante cifra de 87 goles en 30 partidos disputados, repartidos así entre sus cinco delanteros titulares: Ben Barek 14, Carlsson 12, Juncosa, 16, Pérez Payá 14 y Escudero 18. Increíble, ¿verdad? Uno de los días más grandes de Ben Barek fue el 22 de abril de 1951. Ese día llegaba el Atleti a Sevilla en la última jornada liguera. El equipo de Helenio Herrera es líder y el Sevilla de Arza, Arauzo, Domenech y compañía, segundo, a tan sólo dos puntos. Con un empate basta para salir campeones, y aunque Domenech adelanta a los sevillistas, Ben Barek mete un golazo antes del descanso y el equipo aguanta el empate. Campeones en Sevilla, con lluvia de almohadillas y carreras hasta el vestuario.
El Atleti campeón regresa a Madrid en autobús entre las iracundas miradas de una turbamulta de forofos sevillanos. “¡Negro de mierda! ¡No vuerva a Zevilla que te matamoh!”. Un ladrillazo rompe la luna del autobús, Ben Barek se agacha y el ladrillo se estampa en la cara de Salvador Estruch, un centrocampista fichado el verano anterior del Club Deportivo Alcoyano. Cuentan las crónicas –y ha recordado la anécdota más de una vez Gonzalo Suárez, otro confeso enamorado del juego de Larbi- que el Negro de Mierda se bajó del autocar, se pegó una carrerita y, tras darle el conveniente sopapo, puso al energúmeno a disposición de la Benemérita, que, por si acaso, mantenía una prudente distancia con los quinquis sevillistas. En diciembre de 1953 se despidió Ben Barek de una afición que le adoraba.
Decía tener 36 años en ese momento y aunque algunos aseguran que tenía 39, es casi seguro que pasaba en uno de los cuarenta. Aún así, el Olympique de Marsella pagó 6 millones de francos por el negro cuarentón que, esa misma temporada, salvó al Olympique del descenso y lo llevó hasta la final de la Copa de Francia, que perdieron por la mínima frente al Niza. Eran otros tiempos, ya digo. Pero entonces, como hoy, la gente iba al campo, pagaba una entrada, para ver a un maquinón jugar al fútbol. Que, al final, es lo que queda. La Perla Negra regresó a Marruecos y aún tuvo cuerda para jugar en un par de equipos de Casablanca y para convertirse en el primer seleccionador nacional del Marruecos independiente de España. Fíjense si sería bueno el tío -un supercrack como diría un periodista moderno por falta de acervo léxico- que volvió a Madrid en 1972 para jugar un partido de veteranos contra viejas glorias del eterno rival con motivo del Partido Homenaje a Enrique Collar en el que -con 55, 58 ó 60 años, según las fuentes- ofreció una auténtica exhibición de juego y se marcó tres chicharrazos.
Eran otros tiempos y Larbi Ben Barek acabó solo, empobrecido y marginado. Como tal, como un amojamado cadáver fue encontrado, una semana después de su muerte, en su precaria infravivienda magrebí, como diríamos ahora, el 16 de septiembre de 1992. Tendría, según las fuentes, 75, 78 ó, muy probablemente, 80 años. De él dijo un día el cretino de Pelé, cuando aún era un sobrenatural jugador de fútbol y no un ridículo muñeco para anunciar Viagra, ni un exótico figurón de la FIFA, “si yo soy el Rey del Fútbol, entonces Ben Barek es su Dios”. Amén.
Por Jesús García Doggy
Ben Barek era un finísimo estilista, un mago del balón que deslumbró a toda Europa antes de la Segunda Guerra Mundial jugando en el Olympique de Marsella, que fue el más rápido en ficharlo tras asombrar en el balompié magrebí. El drama bélico a punto estuvo de acabar con la fulgurante carrera de Larbi, pero este moro bueno aguantó el tipo regresando al fútbol marroquí, al US Marocaine, equipo de su Casablanca natal en el que se dio a conocer.
Tras la guerra, Ben Barek regresa a Francia, fichado por una cifra astronómica para la época por el Stade-Français parisino en el que permaneció tres temporadas. En abril y mayo de 1948, el Atleti concierta dos partidos amistosos ante el equipo francés, en París ganan los franceses por dos a uno con polémica y Ben Barek mete un chicharrazo. En la vuelta, en el Metropolitano, el 6 de mayo, con un Ben Barek deslumbrante, el Stade-Français gana por dos goles a cuatro.
Aseguran los testigos presenciales que el presidente, el eminente prohombre don Cesáreo Galíndez, exclamó al terminar el partido: “a ese negro hay que ficharlo como sea”. Dicho y hecho, al día siguiente, firmaban su contrato con el Atlético de Madrid el propio Ben Barek y el ágil guardameta del Stade-Français, Marcel Domingo, que también inscribiría su nombre en la Historia Atlética como entrenador, aunque, sobre todo se le recuerda como un gran portero, de hecho, fue el segundo cancerbero rojiblanco en la historia en conseguir el Trofeo Zamora al portero menos goleado, en 1949; el primero arquero atlético en lograr el Zamora fue Fernando Tabales, portero del Atlético Aviación, en 1940; después de Marcel Domingo sólo conseguirían ser el portero menos goleado del campeonato regular Miguel Reina, en el 77, Abel Resino, en el 91, y José Francsico Molina, en 1996.
Dicen las crónicas que en Francia sentó tan mal la venta de Ben Barek que un periodista deportivo, indignado, se puso hiperbólico: “Vendan la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo, pero a Ben Barek jamás”, no obstante, Ben Barek acabó en el Atleti, previo pago de unos desorbitados 17 millones de francos de 1948, precisamente el año en el que la Federación Española de Fútbol introdujo dos innovaciones revolucionarias en las normas del campeonato: una, que los postes y el larguero de las porterías pasaran de rectangulares a ovalados y, dos, que todos los equipos de la Liga tenían la obligación de numerar a sus jugadores del 2 al 11, estampando el guarismo en las camisolas.
Sin embargo, la Perla Negra no debutó como jugador colchonero hasta la segunda jornada del campeonato –derrota por cuatro a uno en casa del Español- porque alargó las vacaciones con su familia en Marruecos. En el club estaban que trinaban tras tres semanas sin saber nada de su rutilante fichaje estrella, pero el Negro se limitó a enviar un telegrama: “Llego mañana a las diez de la noche procedente de Casablanca. Saludos. Ben Barek”. Debutó ante su público el 26 de septiembre jugando como un titán y marcando un golazo en la paliza, 6 a 0, al Oviedo en el Metropolitano. La familia atlética quedó boquiabierta. Porque el Negro era lo máximo que se ha visto sobre un terreno de juego, y la unanimidad entre los atléticos que le vieron jugar en directo es absoluta, empezando por mi abuelo Manolo, a quién Dios tenga en su gloria.
Era Ben Barek, si hemos de creer a nuestros mayores y a las crónicas de la época, un jugador de otro mundo: alto y elegante, buen cabeceador, driblaba y chutaba con ambas piernas, tenía una gran visión de juego, una técnica depuradísima y el carisma futbolístico de un artista del balompié. Un goleador que también era un pasador y un constructor del juego. Un fenómeno, vamos. También era raro, veleidoso, caprichosín y se arrugaba en las malas. “Yo he venido aquí a jugar al fútbol, no a ir a la guerra” era su frase, porque Ben Barek no admitía los terrenos en malas condiciones, la meteorología adversa ni, especialmente, la violencia desmedida de unos rivales casi siempre desbordados por su fútbol.
Eran otros tiempos, otros campos y otras normas: no había cambios, ni tampoco existía el fuera de juego, así que el jugador lesionado se ponía de palomero y, a veces, metía lo que se llamaba técnicamente “el gol del cojo” –que no “gol del discapacitado” , eran otros tiempos- por estar allí quieto, de palomero, esperando en el segundo palo con la caña preparada. No se puede comparar, no obstante, con este fútbol global actual, con su baloncito Adidas con todas las innovaciones tecnológicas habidas y por haber.
De aquella, por ejemplo, si llovía, el balón, de cuero recio cosido a mano, se convertía en una especie de piedra esférica con unos costurones que hacían brechas y provocaban arrancamientos del cuero cabelludo a sus incautos rematadores de cabeza. Ben Barek, obviamente, no saltaba a esas y se revolvía cuando le cosían a patadas, razón por la que fue expulsado y sancionado varias veces. Escudero lo ha dicho: “por unas cosas o por otras el Negro estaba siempre renqueante, bueno los únicos que no nos lesionábamos nunca éramos Carlsson y yo, porque Juncosa a veces se quedaba al gol del cojo”. Qué feo suena, ¿eh? Hablando de discapacitados y de escaqueos, es célebre la anécdota de Ben Barek con el loco Helenio Herrera, harto de que el figura se borrara de algunos partidos aduciendo molestias físicas, le dijo “Usted, Ben Barek, exagere la cojera y haga muchos gestos de dolor para que el contrario se confíe; ahora bien, a cambio de esta especialísima bula que le concedo de renquear le exijo dos hombradas futbolísticas en el partido. Sólo dos, ¿eh?, pero cuídese de que al menos una acabe en gol”.
Lo fue, por supuesto, porque si de jugar al fútbol y meter golazos se trataba, el jugón, el monstruo, el crack era Ben Barek. De este moro colchonero se reían sus compañeros, por el, entonces insólito exotismo del rezo mirando a La Meca, que a veces acometía en el sacrosanto vestuario, “¿Y cómo sabes dónde está La Meca, Negro?”; pero, también lo aseguran sus compañeros, si se daban las condiciones óptimas para la práctica del fútbol el que jugaba y hacía jugar era el Negro, el que daba los goles, el que mandaba y el que, de paso, se marcaba regularmente su chicharrito, ese era el Negro. Tuvo la suerte, desde luego, de coincidir con una vanguardia de campanillas, bautizada como “la Delantera de Cristal”, heredera directa de la Delantera de Seda, con la inclusión de Carlsson, Ben Barek y el alicantino José Luis Pérez-Payá, junto a Juncosa y Escudero, lo de Delantera de Cristal venía, como se habrán imaginado, porque “el Negro se rompía siempre”. Hay que tener en cuenta en su descargo, que el pobre Negro tenía, probablemente, 34 años cuando llegó al Atleti. Aún así disputó seis temporadas ligueras, jugando 114 partidos, además de otros 8 de Copa, y metió más de 60 goles. Eran otros tiempos, ya digo, los de aquel equipo entrenado por el Mago Helenio Herrera, impensables en el fútbol actual tan rígida e inevitablemente encorsetado en lo táctico.
Desde finales de los cuarenta se jugaba en España con el dibujo táctico WM, una invención del entrenador del Arsenal, señor Herbert Chapman, que impondría como obligatorio la Federación española, y que venía ser cinco atacan y cinco defienden, con marca al hombre y el equipo formando con tres defensas, dos pivotes posicionales, dos volantes interiores y tres delanteros. La prensa de la época lo tachó de defensivo, pero pronto se hizo palpable justo lo contrario. Por ejemplo, en la Liga 50-51, la segunda de las dos consecutivas que ganamos con el talento del Negro como estandarte, el Atleti campeón metió la deslumbrante cifra de 87 goles en 30 partidos disputados, repartidos así entre sus cinco delanteros titulares: Ben Barek 14, Carlsson 12, Juncosa, 16, Pérez Payá 14 y Escudero 18. Increíble, ¿verdad? Uno de los días más grandes de Ben Barek fue el 22 de abril de 1951. Ese día llegaba el Atleti a Sevilla en la última jornada liguera. El equipo de Helenio Herrera es líder y el Sevilla de Arza, Arauzo, Domenech y compañía, segundo, a tan sólo dos puntos. Con un empate basta para salir campeones, y aunque Domenech adelanta a los sevillistas, Ben Barek mete un golazo antes del descanso y el equipo aguanta el empate. Campeones en Sevilla, con lluvia de almohadillas y carreras hasta el vestuario.
El Atleti campeón regresa a Madrid en autobús entre las iracundas miradas de una turbamulta de forofos sevillanos. “¡Negro de mierda! ¡No vuerva a Zevilla que te matamoh!”. Un ladrillazo rompe la luna del autobús, Ben Barek se agacha y el ladrillo se estampa en la cara de Salvador Estruch, un centrocampista fichado el verano anterior del Club Deportivo Alcoyano. Cuentan las crónicas –y ha recordado la anécdota más de una vez Gonzalo Suárez, otro confeso enamorado del juego de Larbi- que el Negro de Mierda se bajó del autocar, se pegó una carrerita y, tras darle el conveniente sopapo, puso al energúmeno a disposición de la Benemérita, que, por si acaso, mantenía una prudente distancia con los quinquis sevillistas. En diciembre de 1953 se despidió Ben Barek de una afición que le adoraba.
Decía tener 36 años en ese momento y aunque algunos aseguran que tenía 39, es casi seguro que pasaba en uno de los cuarenta. Aún así, el Olympique de Marsella pagó 6 millones de francos por el negro cuarentón que, esa misma temporada, salvó al Olympique del descenso y lo llevó hasta la final de la Copa de Francia, que perdieron por la mínima frente al Niza. Eran otros tiempos, ya digo. Pero entonces, como hoy, la gente iba al campo, pagaba una entrada, para ver a un maquinón jugar al fútbol. Que, al final, es lo que queda. La Perla Negra regresó a Marruecos y aún tuvo cuerda para jugar en un par de equipos de Casablanca y para convertirse en el primer seleccionador nacional del Marruecos independiente de España. Fíjense si sería bueno el tío -un supercrack como diría un periodista moderno por falta de acervo léxico- que volvió a Madrid en 1972 para jugar un partido de veteranos contra viejas glorias del eterno rival con motivo del Partido Homenaje a Enrique Collar en el que -con 55, 58 ó 60 años, según las fuentes- ofreció una auténtica exhibición de juego y se marcó tres chicharrazos.
Eran otros tiempos y Larbi Ben Barek acabó solo, empobrecido y marginado. Como tal, como un amojamado cadáver fue encontrado, una semana después de su muerte, en su precaria infravivienda magrebí, como diríamos ahora, el 16 de septiembre de 1992. Tendría, según las fuentes, 75, 78 ó, muy probablemente, 80 años. De él dijo un día el cretino de Pelé, cuando aún era un sobrenatural jugador de fútbol y no un ridículo muñeco para anunciar Viagra, ni un exótico figurón de la FIFA, “si yo soy el Rey del Fútbol, entonces Ben Barek es su Dios”. Amén.
Por Jesús García Doggy
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